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Instituto Biológico Argentino (1927)
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PATRIMONIO A LA ITALIANA

Un nuevo capítulo de la síntesis ítalo- argentina en el paisaje urbano se vive hoy en el campo de la restauración

Por Fabio Grementieri

Es habitual hablar de los decisivos aportes que hizo Italia a la constitución de nuestra cultura e idiosincrasia. Desde la música hasta la gastronomía, pasando por las formas de convivencia política y social, pocos aspectos de nuestra identidad se han salvado de las simpáticas o seductoras influencias peninsulares.

Capítulo aparte merece la cultura arquitectónica, campo donde la contribución italiana fue fundamental. Esa cepa produjo monumentales y emblemáticas obras como la Casa Rosada, el Palacio del Congreso, el Teatro Colón, la Confitería del Molino y el Pasaje Barolo, pero también dio lugar a la "casa chorizo" (que reina en casi todo el país) o a las esmeradas decoraciones de estuco en interiores y exteriores de fines del siglo XIX y principios del XX. Todo ello es fruto del tesón y la pericia de italianos en su "otra patria". Ellos, convocados por el preámbulo de la Constitución Nacional, se tomaron bien en serio la tarea de contribuir a edificar un nuevo país y, de paso, modelar el paisaje cultural urbano de innumerables ciudades argentinas. Y muchas veces lo hicieron con gran picardía, como es el caso del revoque símil piedra, una increíble falsificación de la prestigiosa piedra de París, que los inmigrantes italianos inventores de ese simulacro emplearon sobre las fachadas de todas las calles y avenidas de la Argentina.


De todo lo anterior resultó un formidable patrimonio arquitectónico que necesita de tutela y cuidados especiales. Y como se trata de una síntesis ítalo-argentina, parece entonces lógico que hoy se acuda a las fuentes en busca de cooperación y ayuda. Es que los italianos son reconocidos como los líderes mundiales en la materia. No podía ser de otro modo, ya que lideran --por muchos cuerpos-- el ranking de naciones con el patrimonio artístico más rico del planeta (Francia, segunda en la tabla, no llega ni a la mitad del patrimonio que tiene Italia). A lo largo de muchas décadas, los italianos forjaron una "cultura del patrimonio" seria, consistente y refinada que les ha permitido desarrollar una teoría y una praxis sin rivales.

Prueba de ello son los autores, instituciones y profesionales que se desempeñan en el campo de la conservación del patrimonio, acompañados y enmarcados por un sistema jurídico y administrativo de gran escala que apoya con eficiencia esas complejas tareas. Al tope de esa pirámide de savoir faire y know how se encuentra el Istituto Centrale per il Restauro de Roma, creado en 1939 por iniciativa del gran historiador del arte Giulio Carlo Argan y del gran teórico de la restauración Cesare Brandi. Depende del Ministero per i Beni e le Attività Culturali de la Republica Italiana y tiene cuatro departamentos: pintura, escultura, arqueología y arquitectura. También cuenta con tres laboratorios: química, física y biología. Y trabaja manteniendo a raya varios delicados equilibrios planteados entre teoría y práctica, arte y ciencia, técnica y política. Toda operación sobre cualquier pieza del patrimonio histórico y artístico debe ser lo menos invasiva posible y lo más respetuosa de su integridad y de su autenticidad. Es un centro de excelencia en materia de conservación del patrimonio y cuenta con un staff de alto vuelo para encontrar las mejores soluciones técnicas a los grandes problemas de la conservación.


Entre los grandes casos en que han intervenido se destaca la consolidación de la Basílica de Asís luego del último terremoto. Fuera de Italia han sido llamados para intervenir en diversos casos en Siria, Irak, China, entre otros países. En la Argentina, el Istituto Centrale per il Restauro se hizo por primera vez presente en 1998 cuando, gracias a un convenio impulsado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y el Ministero per i Beni Culturali, tuvo lugar una prueba piloto para la restauración de las fachadas y los interiores del Teatro Colón. Allí se buscaron (y encontraron) soluciones técnicas, se entrenaron profesionales especializados en restauración y se verificó la importancia de este tipo de cooperación bilateral en el tema. La experiencia fue riquísima para la parte argentina, tan necesitada de estímulos para avanzar en la materia; pero también lo fue para la delegación italiana, que descubrió algo así como el patrimonio italiano de ultramar y la importancia y complejidad de los monumentos del 1900.


Las relaciones entre Italia y la Argentina han sido y siguen siendo intensas y múltiples. En el campo de la cultura y en especial del patrimonio hay muchos aspectos por desarrollar. Cantidad de testimonios de la cultura arquitectónica italiana, que son también parte importante de la identidad argentina, se materializaron de este lado del Atlántico, en especial a fines del ochocientos y principios del novecientos. Y la responsabilidad de conservarlos es compartida. Por eso parece crucial establecer este tipo de colaboraciones en el campo de la valoración y conservación del patrimonio con Italia y otros países. Colaboraciones que también son decisivas en la construcción de una cultura del patrimonio local más seria y responsable.

Manos a la obra... de restauración

"¡Cuánta física, química y biología hay que saber para restaurar bien!", afirmó --entre asombrada y preocupada por todo lo que tenía por delante-- una alumna que participó del reciente seminario teórico-práctico de conservación organizado por el Istituto Centrale per il Restauro de Roma y por el Centro de Estudios de Arquitectura Contemporánea que dirige el arquitecto Jorge Francisco Liernur en la Universidad Torcuato Di Tella.

Para conducir el seminario vinieron a nuestro país nueve especialistas italianos comandados por la arquitecta Maria Pia Micheli. Siguieron las clases veinte profesionales argentinos (mitad restauradores, mitad arquitectos, algo inédito; y con amplia mayoría de mujeres, algo curioso). Todos ellos hicieron también un trabajo de campo en los exteriores e interiores del edificio del ex Instituto Biológico Argentino, frente a la Plaza del Congreso. Esta obra, diseñada por el arquitecto italiano Atilio Locati en 1924, es uno de los últimos eslabones de la influencia italiana y está siendo renovada y restaurada para sede de la Auditoría General de la Nación. Los trabajos, por ahora paralizados, están a cargo de la Dirección Nacional de Arquitectura. Las prácticas del seminario permitieron establecer los criterios de restauración de la fachada y de las preciosistas decoraciones de los interiores del edificio.

La cooperación entre ambas instituciones académicas proseguirá en el futuro, con más cursos, seminarios y trabajos de campo sobre temas clave para el desarrollo de la conservación arquitectónica en la Argentina, en especial la del patrimonio de la Belle époque.