Ciudad de Goyra, Corrientes
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Azul, Provincia de Buenos Aires
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Por Gabriel Salamone
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ENTRE LA AMENAZA Y EL OLVIDO

Por Fabio Grementieri

La conformación de una cultura del patrimonio en la Argentina pertenece a la categoría del "trabajo en desarrollo", aunque sigue muy amenazada por la "destrucción en marcha". En estos últimos años se asiste aquí a un fenómeno similar al que se produjo hace 40 años en el campo de la ecología y la protección del medio ambiente. De la misma manera, la preocupación por la preservación del patrimonio cultural inmueble abarca diversas especies en extinción, así como también áreas de variado tamaño y densidad. Afortunadamente, además de la prédica de los especialistas, del creciente interés de los medios y de la opinión pública, de la apropiación política, algunos focos de ciudadanía avanzan en tal sentido. Y ya no sólo en las grandes urbes sino también en las pequeñas y medianas ciudades de todo el país, donde se brega por la preservación del patrimonio urbano y rural.


Entre las grandes ciudades (por su población o por su importancia administrativa o económica) y los pequeños pueblos hay ciudades de escala intermedia (en general, cabeceras de partidos o departamentos) que también poseen un patrimonio valioso pero ignorado y muchas veces amenazado. Estas ciudades tienen orígenes diversos, desde fundaciones coloniales, pasando por trazados decimonónicos hasta llegar a las planificaciones de la primera mitad del siglo XX.


Varias grandes urbes -Buenos Aires, Córdoba, Rosario- han reconocido los valores patrimoniales dentro de su ejido al incorporar normativas de preservación, en su mayoría tardías y endebles, a sus códigos de planeamiento. De esta manera se han podido conservar edificios y algunos sitios, aunque poco del paisaje urbano homogéneo y de calidad que supieron tener muchas ciudades argentinas. Hoy las capitales de provincia muestran una imagen similar: invasión irrefrenable de construcciones en altura, centros históricos desnaturalizados, edificios patrimoniales descontextualizados, retracción de áreas verdes públicas? Pocas siguen conservando cierta calidad ambiental y atractivo; entre ellas Corrientes, Paraná o Viedma-Carmen de Patagones. Y algunas de gran tradición y valores históricos y arquitectónicos notables, como Tucumán o Salta, han sido muy depredadas.


En el caso de las pequeñas ciudades, muchas de ellas han conservado su configuración original y su modesto crecimiento produjo escasos cambios en su morfología y ambiente. Algunas de ellas fueron reconocidas y consagradas como poblados históricos y protegidas como tales por normativas locales, provinciales o nacionales. Tal es el caso de varios pueblos de la Quebrada de Humahuaca (Paisaje Cultural incluido en la Lista de Patrimonio Mundial), Cachi en Salta, Victoria en Entre Ríos o Capilla del Señor en la provincia de Buenos Aires.


En este contexto, las ciudades intermedias presentan un panorama especial: en su mayoría mantienen un patrimonio muy valioso y una calidad y escala urbanas notables, que aún pueden y deben ser preservados de manera útil y efectiva. No sólo se trata de edificios o estructuras importantes, pertenecientes a estilos o tecnologías y que conforman sistemas patrimoniales locales, regionales o nacionales, sino también conjuntos o sitios que pueden llegar a cubrir grandes superficies y configurar áreas de calidad ambiental y visual.

Estas ciudades poseen obras arquitectónicas y de infraestructura pública (escolar, hospitalaria, sanitaria, de energía, de transporte y comunicaciones) realizadas por los gobiernos provinciales o nacionales. Asimismo, edificios institucionales, comerciales e industriales importantes: bancos, iglesias, clubes, comercios, industrias. Pero también un tejido urbano compuesto de construcciones particulares para viviendas de distintas tipologías y estilos. Y, finalmente, conjuntos de parques y paseos que alcanzan también la configuración de los cementerios.


Todo este patrimonio necesita de un inventario, un reconocimiento y una tutela que aún no muchas de estas ciudades han efectuado de manera sistemática y efectiva. Algunos pioneros, en las áreas de cultura o planeamiento de los municipios, han dado el puntapié inicial y se va progresando en el tema a través de inventarios, relevamientos y algunas ordenanzas. Pero también surgen iniciativas ciudadanas o de particulares que pretenden avanzar en la valoración y preservación del patrimonio local, poniéndolo en perspectiva y en comparación con otros casos similares.


Es el caso de Azul, importante ciudad del centro de la provincia de Buenos Aires que pertenece al "Circuito Salamone", ese itinerario que enhebra todas las localidades bonaerenses con obras del ya mítico ingeniero "futurista". En esa ciudad que también se proyecta por su Festival Cervantino, la editorial Azul está por publicar un riguroso e imprescindible estudio del arquitecto Augusto Rocca que documenta el valioso patrimonio arquitectónico y paisajístico de la ciudad y que es herramienta indispensable para cualquier política de preservación a implementar. La iniciativa es encomiable y sería muy bueno que otras ciudades siguieran estos pasos.


Pero en otros casos la situación no mejora sino que empeora. Por ejemplo en la ciudad de Goya, donde se está intentando cambiar la normativa urbana del casco central para permitir el surgimiento de "modernas torres" que mostrarán el progreso y la pujanza de la zona al costo de arruinar para siempre una de las ciudades de mayor valor patrimonial del nordeste argentino.


Contra este despropósito viene actuando Proyecto Goya, un grupo de ciudadanos locales, provinciales y nacionales que busca preservar este patrimonio de todos los argentinos para que esa ciudad junto al Paraná potencie sus excepcionales recursos culturales y ambientales y aparezca como un importante destino turístico dentro de diversos corredores: el fluvial histórico del Paraná-Paraguay, que hasta la década de 1970 fuera vía de cruceros que unían Buenos Aires con Asunción; el que debiera conectar el delta del Paraná, los esteros del Iberá y las cataratas del Iguazú o el de la primigenia arquitectura italiana del litoral concentrada en las riberas del Paraná y del Uruguay.


En todas las provincias argentinas las ciudades de escala intermedia ameritan un mayor reconocimiento, valoración y preservación de su patrimonio arquitectónico, urbano y paisajístico. Ese patrimonio no sólo es un importante acervo identitario, sino además un recurso cultural y turístico casi ignorado y poco aprovechado.


Por otra parte, dichas ciudades poseen diversas piezas de "sistemas patrimoniales" provinciales o nacionales derivados de programas de obras públicas en distintos períodos de la historia del país. La pérdida parcial o total de esas obras afecta a la ciudad y además empobrece el conjunto del patrimonio nacional. Pareciera que ha llegado la hora de encarar incentivos jurídicos, institucionales y económicos federales y provinciales que potencien los esfuerzos locales y municipales.


Legislación: contra una falsa idea de progreso

La legislación nacional o provincial debería tener en cuenta esta situación de indefensión del patrimonio urbano en las ciudades intermedias de la Argentina, en especial de aquellas que tienen un patrimonio urbano, paisajístico y arquitectónico notable y bastante bien conservado a pesar de carecer de normativas específicas de preservación. Sucede que los habitantes de estas ciudades (políticos, dirigentes, ciudadanos) rara vez son conscientes del valor patrimonial de su hábitat y su entorno. Y del recurso que tienen entre manos. O de las posibilidades de potenciar esos recursos con el diseño y la gestión de recorridos turísticos que conecten varias de esas ciudades, su entorno de paisaje cultural o natural y sitios rurales de diverso valor. El patrimonio de una ciudad intermedia puede ser revalorizado increíblemente si se revela tanto su singularidad como su pertenencia a un sistema de monumentos y sitios dispersos en otras ciudades aledañas o dentro de un corredor o una red de dimensiones variables: desde una ruta provincial o nacional, pasando por una línea ferroviaria, hasta valles, costas o vías fluviales de cientos de kilómetros de extensión.


Este patrimonio urbano está amenazado por una falsa idea de progreso que ve en operaciones de demolición y nuevas construcciones -pero también en reciclajes abusivos- la modernización que la ciudad necesita para estar a la altura de los tiempos. Y que pretende reflejar lo que vienen haciendo las grandes ciudades (desde la capital provincial hasta la capital de la República) a las que siempre se mira como modelo. Sería bueno que las comunidades de estas ciudades intermedias se dieran cuenta de que muchas de las características de su paisaje urbano y su vida cotidiana son envidiados por los habitantes de las grandes ciudades. Y que tienen en su patrimonio un recurso excepcional que merece atención, protección y desarrollo sustentable.