Museo de Ciencias Naturales, Ciudad de La Plata
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EL TEMPLO EN EL BOSQUE

La sede del Museo de Ciencias Naturales de La Plata fue, desde sus inicios, cuidadosamente planeada: desde lo científico y pedagógico, pero también desde lo paisajístico, estético y estilístico

Por Fabio Grementieri

La prestigiosa institución dependiente de la Universidad de La Plata desde 1906 alberga un patrimonio que alcanza dos millones de piezas conservadas o exhibidas en distintas secciones como geología, paleontología, zoología, botánica, y antropología. Este acervo fue enriquecido a lo largo de 125 años de labor de varias generaciones de científicos e investigadores argentinos y extranjeros que hicieron de él uno de los seis más importantes del mundo. Su génesis se remonta al año 1877, cuando se constituyó el Museo Antropológico y Etnológico de Buenos Aires con 15.000 piezas provenientes en su mayoría de una donación hecha por Francisco. P. Moreno. Al resignar la provincia su capital y ofrecerla como prenda de unión a la nación, cedió también el Museo Público y la Biblioteca Pública, pero se reservó el privilegio de retener dicha colección. Al fundarse la ciudad capital de la provincia de Buenos Aires, esta colección sensiblemente acrecentada, pasó a integrar el núcleo básico del Museo General de La Plata, creado en 1884 y cuya dirección se encomendó al Perito Moreno. La nueva sede fue cuidadosamente planeada desde el punto de vista funcional y formal en sus múltiples aspectos: científico, pedagógico y comunicacional, pero además paisajístico, estético y estilístico.

La influencia alemana

El pintoresco paseo del bosque, plantado por Pereyra Iraola antes de la fundación de la ciudad y asimilado a su plan definitivo, fue el lugar elegido para levantar el edificio. El museo, junto al Observatorio Astronómico y los jardines Zoológico y Botánico, fue ideado como parte de una muestra comprensiva donde, según el mismo Moreno, el visitante pudiera observar primero el universo sideral, luego la evolución orgánica y finalmente ejemplares vivos de los reinos animal y vegetal. El proyecto arquitectónico fue realizado por arquitectos europeos: el alemán Karl Heynemann y el suizo Fritz Ober, instalados en Hamburgo, y el sueco Enrique Aberg, autor de uno de los pabellones de la Casa Rosada sobre Plaza de Mayo. La obra, edificada entre 1884 y 1889, es una notable pieza que combina varias tradiciones y experiencias de las culturas arquitectónicas alemana y escandinava, y donde aparecen evidentes lecciones de grandes figuras de la arquitectura germana del siglo XIX como Karl Friedrich Schinkel o Gottfried Semper. Dentro de un conjunto coherente, y eclecticismo mediante, la iconografía escultórica y pictórica que complementa el diseño del edificio se inspira en las culturas prehispánicas y la naturaleza americana. La raigambre germánica del conjunto se encuentra en sintonía con buena parte de la arquitectura y el urbanismo de La Plata, que ostenta edificios monumentales proyectados por alemanes como es el caso de la Municipalidad y la Legislatura. Esta predilección platense contrasta con el influjo italianizante que primaba entonces en la capital argentina, cuya imagen institucional estaba a cargo de los arquitectos Tamburini y Buschiazzo. Este notable contraste podría ser analizado hoy como un reflejo más de la mítica puja entre el gobernador Dardo Rocha y el presidente Julio A. Roca.


Una lección de ciencias

El entorno, el exterior y los interiores del museo fueron concebidos de manera lírica al tiempo que científica. La interacción entre el pintoresco paisaje del parque y la rotunda geometría del edificio son una metáfora del templo en el bosque. El pórtico alude a la idea de santuario de las ciencias naturales y las escasas aberturas de los muros a la imagen de un tesoro de conocimientos. La austeridad volumétrica y formal del exterior responde a la organización interior. Esta fue concebida de acuerdo con estrictos criterios de eficiencia museográfica y pedagógica. Y materializada a través de la casi exclusiva expresión de los sistemas estructurales y constructivos que conforman el edificio. Esta estética despojada y funcionalista define, junto al generoso uso de luz cenital, los espacios de exhibición que muestran, pero también lucen, las formidables colecciones.

Patrimonio y evolución

A 120 años de la fundación de La Plata, el museo y sus colecciones, más el sitio donde se encuentra emplazado, constituyen el conjunto patrimonial más importante de la ciudad y el que mejor se ha conservado. Es probablemente uno de los poquísimos museos de ciencias naturales en el mundo característicos del siglo XIX y el mejor preservado en su categoría. Las intervenciones que se sucedieron a lo largo del tiempo no alteraron fundamentalmente la integridad de la monumental pieza patrimonial compuesta por edificio y colecciones. Un proyecto de ampliación y puesta en valor de las colecciones del museo no debería sacrificar la integridad y autenticidad del excepcional conjunto de la misma manera que la exhumación de invalorables restos fósiles en un santuario paleontológico no debería destruir o mutilar el escenario natural del yacimiento. El reciente proyecto de ampliación y renovación, afortunadamente no concretado, no adscribía a estas básicas premisas y hubiese significado una degradación irreversible.

Mas allá del mensaje pedagógico, la museografía original de este "bazar de la memoria del planeta" debería conservarse. Las sombras de Darwin, Moreno o Ameghino deberían seguir acechando en el reflejo de una vitrina de vidrios imperfectos o detrás de las quijadas de un reptil jurásico. Y las ampliaciones no deberían concebirse dentro de proyectos "evolucionistas", imposibles de imponer sobre un santuario neoclásico, organismo que no tolera que le crezcan patas, alas o plumas, o se lo ponga en cautiverio dentro de un corralito o rodeado de un foso. Es mejor optar por inspiración en las nuevas ciencias y elegir sitios próximos del menor impacto ambiental posible, como lo es la gran avenida adyacente factible de ser transformada en un gran cañón multifuncional mediante arquitectura organicista de crecimiento estratigráfico.

La preservación integral del conjunto y su real puesta en valor implican una serie de operaciones de conservación, ampliación y modernización que tienen que estar presididas por algunas pocas ideas fuerza como: desarrollar el conocimiento de las ciencias naturales en diversos niveles y para distintas audiencias; proteger un testimonio único de grandes realizaciones de la generación del ochenta; consagrar al museo, junto a varias otras piezas de La Plata, Buenos Aires y otros sitios del país pertenecientes al período, dentro de la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco y enriquecerlo como un moderno centro de interpretación de la gran diversidad geológica y biológica del territorio argentino. Transformadas en objetivos, estas ideas podrían nutrir un proyecto por ser incluido en las metas culturales y científicas que deberían guiar el camino de la conmemoración de dos "Bicentenarios". Uno, más cercano: el de la independencia nacional. Pero también otro, más lejano: el de la fundación del museo más importante del país.