UNESCO PROYECTO VILLA OCAMPO 2003 - 2014
CRÉDITOS Y AGRADECIMIENTOS

El Director General de la UNESCO, Koïchiro Matsuura, tomó la decisión de revitalizar Villa Ocampo e hizo lo necesario para que el intento tuviera éxito; el Director General Adjunto Marcio Barbosa y su asistente ejecutivo Oskar Klingl fueron los encargados de ejecutar la tarea. Nada de lo que describimos aquí hubiera sido posible sin el tenaz apoyo de ellos tres desde la sede de la UNESCO en París, que se reforzó con el de mis sucesivos directores en la oficina de Montevideo, Herman van Hoof primero, y el Dr. Jorge Grandi después, y de todo el equipo de la oficina de UNESCO que tuvieron a su cargo.

El proyecto recibió una gran ayuda del Gobierno argentino, a través de los embajadores Domingo Cullen y Susana Pataro, de la Dirección de Organismos Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores. El Estado financió, además, gran parte de las obras de renovación, gracias a la intervención de la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner; los trabajos fueron supervisados por los arquitectos Gervasio Pérez Zurdo, Enrique Lucente y Guillermo Frontera, de la Dirección Nacional de Arquitectura.

Quiero reconocer el trabajo realizado con el Consejo de Administración de Villa Ocampo, integrado por representantes de la Fundación Sur, de la Fundación Victoria Ocampo y de la Asociación Por Villa Ocampo, entre ellos el Dr. Juan Javier Negri, María Esther Vázquez, Luis Parenti e Ivonne Bordelois.

La Asociación de Amigos fue una aliada indispensable en la gestión diaria, así como en la generación de recursos. Quiero agradecer a su primer presidente Pedro Güiraldes y a todos sus socios, en especial a María Casado, Susana Raviele, Maruca Roca de Korger, Lucas Rolandi, Ethel Terreno,  Sonia Shebar, Aldo Taraciuk y Patricia Vergez, así como a las secretarias ejecutivas Inés Berra, Agustina Gosende, Candelaria Llamazares y Cristina Ulens.

Ervin Eppinger fue un otro socio destacado, que sumó apoyos, socios y patrocinantes a lo largo de todo el proyecto.

En Villa Ocampo, el excepcional equipo de trabajo fue encabezado por Silvana Mazalán, que tuvo el mérito adicional de haberse sumado muy tempranamente, en aquella etapa tan difícil en que la casa estaba en ruinas y el futuro era incierto; Maximiliano Maito tuvo a su cargo la dirección de la programación cultural, así como la clasificación inicial de la biblioteca; Camila Palacios, Rosario Sivila, Guadalupe Robledo, Mayra Decastelli, Andrea Macchia, Julio Fernández, Román Scarcella, Baltazar Gómez, Álvaro García Martinez, Leo Bracamonte y Malvina D'Alessandro, fueron responsables de la mediación, animación de la casa y atención de la tienda; Rosario fue, además, una magnífica intérprete de las visitas musicalizadas; Bárbara Fatum, Cynthia Orfali, Paola Gómez, María Belen Bonello y Marthe Nyeck tuvieron a su cargo la administración; Roberto Vidalón gestionó el protocolo de seguridad del sitio, que no sufrió un solo incidente en diez años, y asimismo dirigió el mantenimiento de la casa y del jardín, tarea en la que participaron Guillermo Reyes, Juan Rodríguez, Lázaro Areco y Víctor Fernández; por su parte, María Wright, Hernán Turina y Bernarda Ghio ejecutaron el diseño gráfico; Victoria Viau, Guadalupe Arriegue, Victoria Nacucchio, Florencia Foti, Florencia Cuffia y Matías Mauger participaron en la digitalización y catalogación de la biblioteca y de los archivos documentales; y Miranda D´Alonzo y Juan Martín Blanco tuvieron sucesivamente a su cargo la cocina y la atención de la cafetería, tarea que incluyó la responsabilidad de replicar los míticos tés de Victoria Ocampo.

Ernesto Montequin dirigió los trabajos de investigación, clasificación y digitalización de la biblioteca, aportó a diario su conocimiento sobre la casa y su historia, influyó decisivamente en la puesta en valor, fue el creador de las exposiciones La gran ilusión: vida cotidiana en Villa Ocampo durante la Belle Époque; Victoria Ocampo y Francia; María Elena en la casa de doña Disparate, así como de varias muestras basadas en el patrimonio bibliográfico de Villa Ocampo; fue asimismo el editor de la reedición de los Testimonios de Victoria Ocampo, y redactó la mayoría de los textos históricos.

Entre otros aportes, Fabio Grementieri escribió los fundamentos del proyecto de renovación edilicia, ideó el concepto de los Grados de Protección Patrimonial, redactó muchos informes y documentos técnicos, fue coautor del libro Villa Ocampo, Escenario de Cultura, co-curador de la exposición La gran ilusión: vida cotidiana en Villa Ocampo durante la Belle Époque, creador de la muestra Victoria Ocampo y la Arquitectura y supervisor de los trabajos de restauración. Sin olvidar que antes del inicio de este proyecto hizo mucho para sensibilizar a la opinión pública sobre el valor de Villa Ocampo y sobre las consecuencias de proyectos inadecuados.

El Arq. Rodolfo Gassó asesoró a la UNESCO en las etapas iniciales de las obras de restauración y renovación. Éstas fueron proyectadas y dirigidas por los arquitectos Eduardo Carena y María Paula Báez, que estuvieron muy presentes, además, para ayudarme a resolver los muchos problemas técnicos que planteó el trabajo. El Estudio Ing. Villa ejecutó gran parte de los trabajos; la climatización fue realizada por el Ing. Jorge Buyé; el Arq. Eugenio Ottolenghi diseñó el mobiliario moderno y el equipamiento interior, y ayudó a proyectar varias de las exposiciones. La profesora Cristina Lancellotti tuvo a cargo la investigación in situ y la restauración de las terminaciones superficiales.

Carlos Thays realizó los primeros estudios para la recuperación del parque. La Dra. Sonia Berjman, autora de La Victoria de los jardines, dirigió el proyecto de investigación del jardín, así como numerosos trabajos ulteriores relativos al paisaje de la casa. Eduardo Ottaviani coordinó los trabajos de restauración y mantenimiento del jardín.

Sergio Manela creó la identidad visual del Proyecto Villa Ocampo, diseñó las principales piezas gráficas y sumó su creatividad en varias exposiciones.

Juan Pablo Correa hizo un gran trabajo de comunicación y prensa, y colaboró asimismo en la programación cultural.

Myriam de Ridder se ocupó de la restauración del mobiliario y de la decoración en la etapa de la reapertura de la casa. Mariana Astesiano y Graciela Razé confeccionaron el inventario de Villa Ocampo y trabajaron durante toda la duración del proyecto, en numerosas investigaciones y restauraciones del mobiliario y de las colecciones de arte. Gastón Sanguinetti nos brindó generosamente su conocimiento sobre las distintas piezas de la colección. El arquitecto Marcelo Nougués colaboró con la ambientación y decoración.

Los programas de música, teatro y danza fueron creados por Diana Theocharidis, que imaginó espectáculos y convocó a grandes intérpretes en el ciclo Siete Noches, que tuvo diez temporadas inolvidables. Entre los muchos artistas que participaron, quiero destacar y agradecer a Alfredo Arias (que también hizo mucho por la difusión de Villa Ocampo en Francia) y Michal Znaniecki, a quienes Villa Ocampo debe varias creaciones únicas; y a intérpretes de gran nivel como Alejandra Radano, Sandra Guida, Marilú Marini, Edgardo Cozarinsky, Rubén Szuchmacher, Anssi Karttunen, Patricia Da Dalt, Lucrecia Jancsa, Haydée Schwvartz, Graciela Oddone, Víctor Torres, Malena Solda, Marcela Roggeri y Jean-Pierre Noher, sin olvidar al compositor Mauricio Kagel, que regresó a Villa Ocampo muchos años después de haber frecuentado el lugar como invitado de Victoria Ocampo. Luciana Milione fue la encargada de la organización y la logística de los espectáculos.

Diana Theocharidis también creó y dirigió los programas de danza contemporánea en el jardín, en el que participaron compañías del Departamento de Artes del Movimiento de la Universidad Nacional de las Artes.

En busca del caballo alado fue el maravilloso recorrido-espectáculo basado en textos de Silvina Ocampo que durante varias temporadas convocó a chicos y grandes. Fue creado y dirigido por Martín Joab, contó con la actuación de Pablo De Nicoti y Laura Pereyra, y la producción de la escuela de Marcelo Katz. Otro programa infantil muy exitoso fue la Semana de Arte para Chicos, que organizaron Luciana Ramallo y Guillermina Basombrío.

Pablo Moser creó el magnífico ciclo de jazz en Villa Ocampo. Mimí Böhm colaboró de diversas formas, entre ellas con la donación de cuatro hermosos gansos que enriquecieron el paisaje del lugar. Felisa Pinto fue nuestra consejera en temas relacionados con Victoria Ocampo y la moda. Gabriela Adamo organizó cursos, salones y otras actividades sobre arte, cine y literatura.

Sara Facio fue la artífice de la gran exposición sobre María Elena Walsh, y coautora del libro-catálogo que publicó Alfaguara. Frédéric d´Agay, sobrino-nieto de Antoine de Saint-Exupéry, hizo posible la exposición sobre el piloto y escritor francés, cuya minuciosa investigación estuvo a cargo de Clara Rivero. Martha Levisman fue co-curadora de la exposición Victoria Ocampo y la arquitectura, para la cual cedió piezas del archivo de Alejandro Bustillo. Raúl Shakespear organizó la muestra sobre Manuel Mujica Láinez que realizamos con la Quinta Los Ombúes de San Isidro.

Doy las gracias a Juan José Sebreli por sus frecuentes visitas, por sus testimonios personales, y por el espléndido trabajo de investigación que realizamos sobre Victoria Ocampo, Eva Perón, y el joven y comprometido Sebreli de 1966.

Agradezco a Nino Ramella por su permanente ayuda; su intervención permitió firmar el convenio por el que Villa Ocampo quedó hermanada con Villa Victoria en Mar del Plata.

Los eventos de recaudación de fondos fueron impecablemente organizados por Claudio Alo y Andrés Terán, y ambientados sucesivamente por Martín Roig y Gloria César.

Pablo Braun y su librería Eterna Cadencia en Palermo, así como Fernando Pérez Morales y la Boutique del Libro en San Isidro, nos brindaron una ayuda imprescindible en la difusión y la logística de los espectáculos. Raquel Garzón y Daniel Ulanovsky dieron exitosas clínicas de escritura. Fue gracias a Gloria Rodrigué que pudimos editar y distribuir el libro Villa Ocampo, Escenario de Cultura, publicado por Editorial Sudamericana. Mariana Grisolía Fernández, sobrina del genial fotógrafo Pepe Fernández, donó varias fotografías de escritores retratados por su tío. Jorge Caterbetti y el equipo de Artes Audiovisuales de la Universidad Nacional de las Artes produjeron el documental sobre los diez años de gestión.

Con Jorge Cremonte y María Victoria Alcaraz pudimos realizar varios programas sobre políticas culturales.

El film documental Tres fábulas de Villa Ocampo fue producido por el equipo de El Pampero Cine: Mariano Llinás, Alejo Moguillansky, Agustín Mendilaharzu, Gabriel Chwojnik y Laura Citarella; el guión es de Santiago Palavecino. Fue un placer trabajar con todos ellos.

La Municipalidad de San Isidro nos dio una gran ayuda y fue un socio indispensable para organizar una cantidad de actividades. Agradezco el apoyo del Intendente Gustavo Posse, de la Directora de Cultura Eleonora Jaureguiberry, de la Dra. María del Pilar Roca, y de Bernardo Lozier, director del Museo Histórico de San Isidro.

La Embajada de Francia fue un aliado muy presente durante todo el proyecto; quiero destacar el gran compromiso de los tres embajadores con los que tuve el honor de trabajar: Frédéric du Laurens, Jean-Pierre Azardazouvian y Jean-Michel Casa, así como también de los consejeros Jack Batho y Jean-François Guéganno, y del director de la Alianza Francesa, Yann Lorvo. Quiero expresar mi reconocimiento a Alain Rouquié, presidente de la Maison de l´Amérique Latine en París, por las dos exposiciones que pudimos realizar allí, así como al embajador argentino en Francia, Juan Archibaldo Lanús.

Villa Ocampo y la Universidad de San Andrés realizaron varios programas exitosos, que fueron posibles gracias a la intervención del rector Carlos Rosenkrantz, de los profesores Martín Bohmer y Eduardo Zimmerman, de Cecilia Colli y de Graciela Guzmán.

Agradezco a la Dra. Patricia López Aufranc, del Estudio Marval, O´Farrell y Mairal, por sus consejos de amiga con gran experiencia en organizaciones sociales, y por sus innumerables intervenciones como abogada.

La ayuda que me brandaron Juan Carlos Tedesco y Marisol Paredes fue esencial a la hora de resolver dificultades burocráticas. Ricardo Salas y Francisco Lagos tuvieron sucesivamente a su cargo la oficina de seguridad de las Naciones Unidas en Buenos Aires, desde donde me brindaron un apoyo permanente. Neda Ferrier, que llegó desde la sede de París, fue una amiga y colaboradora eficaz durante los dos años en que trabajó con nosotros. Doy las gracias también a la Dra. María Vicien-Milburn por su ayuda en la etapa final del proyecto.

La familia Shebar, Cristina Khallouf y Alejandro Roemmers fueron algunos de los donantes particulares del Proyecto Villa Ocampo. El David Rockefeller Center for Latin American Studies de la Universidad de Harvard aportó los fondos para restaurar y clasificar la biblioteca; la empresa EMC financió su digitalización y publicación en la web. La Fundación American Express donó la restauración completa del piso del hall central de la casa. La Fundación Bunge y Born financió la conservación y digitalización del archivo de Odile Baron Supervielle, propiedad de la Fundación Sur, depositado en Villa Ocampo. Delmiro Méndez colaboró generosamente con el transporte de obras de arte. Un programa conjunto con la Universidad de Princeton permitió recibir anualmente a pasantes de esa universidad.

Mi agradecimiento a la Fundación Sur, que cedió su extraordinario archivo y donó miles de libros y revistas de la Editorial Sur; a Emilio Basaldúa, que legó un magnífico dibujo de su padre Héctor; y a Ernesto Montequin, que gestionó la donación de valiosas piezas de la sucesión Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo.

Finalmente, quiero expresar un agradecimiento muy especial a los amigos y familiares de Victoria Ocampo y a otros testigos presenciales del pasado, por su amistad y sus invalorables testimonios: Esmeralda Almonacid, Rosita Zemborain, Alicia Jurado, Mons. Eugenio Guasta, Emb. Lucio García del Solar, Eduardo Paz Leston.

Ivonne Bordelois también frecuentó la casa en tiempos de Victoria Ocampo, cuando era una joven colaboradora de Sur. Sus consejos me guiaron durante los diez años de gestión. Todo empezó pocos días antes del cierre de la convocatoria de la UNESCO al concurso de director, cuando yo aún dudaba; Ivonne me intimó a presentarme: es, de alguna forma, la responsable secreta de todo esto.

Nicolás Helft